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El ojo que ves,
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"Al sumo sacerdote que presenta a Cristo, le besáis los pies y lo tenéis encerrado en palacios en mármol. Mirad que las calles están llenas de niños sin madres que les den la leche de sus pechos. Mirad qué dice San Mateo: que no os llaméis padres en la Tierra porque el único padre está en el cielo […] Sois unos miserables políticos del mal, ángeles exterminadores de la luz. Predicáis la guerra en nombre del Dios de las batallas y enseñáis a odiar refinadamente al que no es de vuestras ideas […] Con vosotros hay que ir, armado de Amor y de convencimiento. Ya sé que el mundo que ha sido educado por vosotros es un mundo imbécil y con las alas cortadas. Ya sé que quizá cortaréis mi alma antes de que os muerda en nombre del Bien pero contra vosotros dirigiré mis oídos y mis cóleras y mi maldad de hombre. Contra vosotros hay que ir. Es necesario, preciso, rescatar las ideas de Jesús de vuestros manejos ruines". Lorca considera que el clero traiciona metódicamente a Cristo, y la repugnancia que le inspiran estos célibes, según él, mayormente hipócritas, es virulenta. Para Lorca, como para el inglés Swinburne (otro poeta que odia al Dios de las prohibiciones y los castigos) sólo una deidad repugnante seria capaz de crear el deseo sexual y luego condenarlo convirtiéndolo en sufrimiento y angustia. En una de sus "místicas" el poeta pone en boca de Salomón y de David palabras de consuelo para los que padecen -como él- el desgarro de la división carne/espíritu, consecuencia de la imposición de lo que, en resumidas cuentas, no es más que una hipótesis religiosa. David dice: "si tomáis por pecados los que no son sino vuestra naturaleza, que canta con todos sus sonidos, habréis caído en el pozo negro del egoísmo". Y el salmista continúa: "Vuestro gran pecado ha sido desligar la carne del espíritu, no comprendiendo en vuestra miserable pequeñez que la carne es el espíritu y el espíritu la carne". A Lorca le atraía mucho la filosofía india. Francisco García Lorca ha recordado aquellas lecturas, "que se cruzaban con otras de místicos españoles". El panteísmo, el panetorismo y la ternura de los sistemas orientales suscitan en un Lorca profundamente enamorado de la naturaleza, gracias a los once años de su infancia en la Vega de Granada, una honda resonancia. |
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