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Donde quiera que esté,
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En Patriotismo (27 de octubre de 1917) Lorca ataca a los que engañan a los niños con nociones falsas de la Patria, nociones incompatibles con la caridad. La alianza de la cruz y de la espada le produce especial asco, y en la adulación de la bandera nacional descubre una flagrante negación de Cristo. El nombre de Jesús, utilizado con finalidades nacionalistas espurias, ha sido causa de innumerables atrocidades. Lorca decía que la única solución para los males de España radica en la escuela, en una nueva forma de enseñar cuyo propósito fundamental sea liberar a la juventud del miedo y del odio. En este tema podemos apreciar una fuerte influencia que la Institución Libre de Enseñanza, filtrada a través de Martín Domínguez Berrueta y de Fernando de los Ríos (otro catedrático del poeta en la Universidad de Granada) ejercía sobre Federico. Lorca se había dado cuenta muy joven, allá en la Vega granadina, de que la sociedad española era profundamente injusta. En Mi pueblo, recuerda que en Fuente Vaqueros había familias que vivían en la más abyecta pobreza, entre ellas la de una niña con quien había trabado amistad. El padre era un jornalero envejecido y reumático, y los numerosos partos de la madre habían dejado a ésta extenuada. El futuro poeta les visitaba a menudo en su destartalada vivienda, pero no podía hacerlo el día que la madre lavaba la ropa, porque entonces todos los miembros de la familia tenían que quedarse casi desnudos puertas adentro mientras se secaban las únicas prendas que poseían. Lorca afirma que nunca podrá olvidar aquella madre: "Los huesos rompiéndole las ropas y su mirar de más allá, sobre todo su mirar, serán en mi recuerdo eterno, por ser la primera impresión trágica que tuve de la miseria… En Andalucía, en sus pueblos cargados de olor y de sonido, todas las mujeres jóvenes mueren de lo mismo: dar vidas y más vidas. Los hogares pobres de sus pueblos son nidales de sufrimiento y vergüenzas. Nadie se atreve a pedir lo que necesita. Nadie osa rogar el pan, por dignidad y por cortedad de espíritu. Yo lo digo, que me he odiado entre esas vidas de dolor. Yo protesto contra ese abandono del obrero del campo". Y esa voz de protesta, extendida hacia todos los que sufren, se oirá a lo largo de la obra de Federico García Lorca. |
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