Escucha
Herido de amor (432 kb)



No tardes Muerte que muero.
Ven, porque viva contigo,
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero,
no tener guerra conmigo.

Muerte

La muerte es siempre difícil de aceptar. No es lo mismo llegar al final del camino que caer a medio andar. Y eso fue precisamente lo que le pasó a nuestro autor, le empujaron a caer a un abismo de hipocresías, intolerancia y falsedad. Su muerte está muy relacionada con el movimiento que balanceaba el país por aquel entonces.

Durante la campaña electoral de 1936, Lorca apoya públicamente al Frente Popular. Los siguientes meses firma, a menudo encabezándolos, numerosos manifiestos antifascistas y subraya su solidaridad con el pueblo y su convicción de que la obligación del teatro contemporáneo, el suyo en primer lugar, es afrontar los problemas sociales que aquejan a la humanidad. Para dar ejemplo, ha escrito una nueva obra revolucionaria, en la línea de El Público. Planea sobre el Lorca de esos meses el Hecho de que Margarita Xirgu, primero desde Cuba y luego desde México, le llama constantemente a su lado. Parece ser que el poeta está decidido a juntarse con la actriz, pero demora una y otra vez su salida, tal vez por no querer abandonar a su más íntimo amigo del momento, Rafael Rodríguez Rapún. Los resultados electorales de Granada, que dieron el triunfo a las derechas no consiguen escaños. El fascismo gana fuerza con ello. La hostilidad que se siente hacia Lorca se acrecienta con la publicación de la que será su última entrevista, publicada en El Sol el 10 de junio, a los cinco días de su trigésimo octavo cumpleaños, en la que afirma que en Granada "se agita actualmente la peor burguesía, Lorca, el maricón de la pajarita" (como lo llaman en la casa de uno de los conspiradores), es ya un hombre marcado. Entretanto es posible que en Granada se sepa que el poeta acaba de terminar una obra de teatro, La casa de Bernarda Alba, en la que critica la mentalidad de ciertos terratenientes de Asquerosa (Valderrubio), su "segundo pueblo" en la Vega de Granada.

Horrorizado por el asesinato de José Calvo Sotelo en la madrugada del 13 de julio, Lorca coge el tren en Granada, juntándose con su familia en la Huerta de San Vicente la mañana del 14. Está profundamente inquieto. Dentro de unos días se produce el esperado golpe militar. El 20 se sublevan los oficiales de la guarnición, tomando la ciudad sin dificultad y sin bajas. Empieza enseguida la represión, una de las más brutales de toda la zona nacional, con miles de víctimas. Lorca busca refugio en casa de su amigo Luis Rosales, dos de cuyos hermanos son destacados falangistas. De nada le sirve: la "peor burguesía de España" se entera fácilmente de su paradero. Es detenido por el ex diputado de la CEDA Ramón Ruiz Alonso y conducido al Gobierno Civil. ¿La denuncia? Todo indica que fue el propio Ruiz Alonso quien la redactó, respaldado por otros miembros de la CEDA en Granada. El documento subrayaba, según José Rosales; el apoyo del poeta al Frente Popular, su amistad con Fernando de los Ríos y su homosexualidad. Parece seguro que el gobernador civil faccioso, José Valdés Guzmán, consultó el caso por teléfono con Queipo de Llano y que éste dio su beneplácito al asesinato ("dale café, mucho café"). Lo más probable es que tuviera lugar éste la madrugada del 18 de agosto, aunque pudo ser el 19. El crimen se consumó no lejos de la Fuente Grande, en el término municipal de Alcafar, al pie de un olivo. Al lado del poeta iba el maestro del pueblo de Pulianas, Dióscoro Galindo González, y dos banderilleros anarquistas, Galadí y Cabezas. Unas horas después, uno de los asesinos, Juan Luís Trescastro, se jactaba en Granada de haber torturado al poeta metiéndole "dos tiros en el culo por maricón". Así murió Lorca en "su Granada."

Seis años después, Dalí reescribiendo la historia, apuntó en La vida secreta:

haz clic para ampliar"Al estallar la revolución, mi gran amigo, el poeta de la mala muerte Federico García Lora, murió ante un pelotón de ejecución en Granada, ocupada por los fascistas. Su muerte fue explotada con fines de propaganda. Lorca no murió como símbolo de una u otra ideología política, murió como víctima propiciatoria de ese fenómeno total o integral que era confusión revolucionaria en que se desarrolló la Guerra Civil. En ésta, la gente no se mataba ni siquiera por las ideas, sino por "razones personales", por razones de personalidad; y, como yo, Lorca tenía personalidad de sobra y, con ella, mejor derecho que la mayoría de los españoles a ser fusilado por españoles".

Más tarde el artista afirmaría que al enterarse del asesinato del poeta, había exclamado: "¡Olé!", usando ese término en el sentido que se da a un torero, es decir, para expresar admiración por un pase excepcional. Lorca, obsesionado con la muerte, habría realizado a la perfección su destino.

El poeta había luchado por conjurar su intenso miedo a morir mediante la compulsiva representación de sus últimos momentos, entierro y descomposición, mientras sus amigos seguían el ritual con fascinación y horror. Ahora que, con apenas treinta y ocho años, Lorca había sido sacrificado, Dalí se dio cuenta de que algo se había roto para siempre en su propia vida.

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