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ingún grupo literario experimentó cambios tan radicales en la temática y en el lenguaje poético como en la generación de 1927, llamada así en recuerdo del centenario de Góngora (1561-1627). Esta fecha representó la decadencia definitiva de los ideales estéticos y el despertar de la atmósfera de irreal ensueño del Modernismo. Los detonantes fueron la dictadura de Primo de Rivera (1923), la monarquía, en 1925 y las manifestaciones de violencia callejera, expresión de la crisis mundial de 1929. Los poetas del 27 se dieron cuenta de que la república, la esperanza de la generación del 98, era incapaz de aportar soluciones a los problemas del país. Así, abandonaron el lenguaje esteticista y la poesía "pura" y denunciaron la miseria de las clases explotadas, la intolerancia, la represión y la falta de libertad de expresión. Alberti, el, "poeta de la calle", expresó una honda tristeza hacia la miseria de España; Salinas defendió ante todo la expresión de la realidad vital; García Lorca proclamó de forma pasional, su solidaridad con los marginados, des de los gitanos de Andalucía hasta los negros de Harlem, y dedicó algunos años de su vida a viajar por España con su teatro itinerante "La Barraca" para llevar a las clases trabajadoras el mundo de la cultura y el arte. El poeta utiliza su expresivo lenguaje para definir su papel en la sociedad: "en nuestra época, el poeta ha de abrirse las venas por los demás".
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